martes, 19 de abril de 2011

FERNANDO SAVATER Capitán Salgari


http://www.elpais.com/articulo/cultura/Capitan/Salgari/elpepicul/20110419elpepicul_4/Tes?print=1

FERNANDO SAVATER 19/04/2011

Siempre he sentido gran admiración por quienes proclaman que su afición a la lectura se despertó a los siete años, cuando una tía les regaló el día de su santo La montaña mágica, para confirmarse a los nueve, cuando acabaron En busca del tiempo perdido. Confieso que mi vocación tiene orígenes más modestos: me convirtieron en lector los relatos de aventuras y muy especialmente las novelas de Emilio Salgari, de cuyo suicidio se cumplen este mes los primeros cien años. Quizá desde entonces vivo de rentas y sigo nutriéndome de aquel gozo que no se extingue: residuos radioactivos de la imaginación...

Salgari nació en Verona, para después marchar a Génova y finalmente morir en Turín. Quiso ser marino, pero dejó a medias su formación naútica y en toda su vida apenas hizo en barco unas pocas excursiones y un crucero modesto por el Adriático. Sin embargo, como periodista primero y como novelista después, ya nunca dejó de navegar. En junco, en fragata, en bergantín, en galeón y en canoa, por el golfo de Bengala, el mar de la China o de las Antillas, por el rio Orinoco y el padre Nilo, por el Ártico... Navegó ya toda su vida por el azul de los atlas y las ilustraciones coloreadas de las enciclopedias. Hay poetas de lo íntimo que escriben hacia adentro y poetas de lo exótico y remoto, que escriben hacia fuera y a lo lejos. A esta última tripulación perteneció Salgari y no seré yo quien le hubiera querido de otro modo.

Casi desde sus comienzos como cronista y novelista, Salgari obtuvo un notable éxito de público. En sus últimos años, era el escritor con mejores ventas de Europa: algunas de sus ochenta y cuatro novelas superaron la cota hasta entonces desconocida de los cien mil ejemplares y tuvo multitud de imitadores, como Luigi Motta o sus propios hijos. Sin embargo, Salgari vivía acosado por la penuria, trabajando como un forzado de la pluma para editores que le estafaban con impávida constancia. Sus quejas al respecto recuerdan a las de tantos autores antes que él, empezando por las del muy pirateado Cervantes en El licenciado Vidriera. Fue esa explotación laboral, mientras luchaba por mantener a su mujer trastornada y a sus hijos pequeños, lo que finalmente le empujaron al suicidio. Esta solución trágica era la maldición de su estirpe, pues su padre se había suicidado también como luego hicieron dos de sus hijos. Pero en su caso, los que le empujaron a la muerte fueron quienes le robaban impunemente el fruto de su trabajo. Un dia se hartó, cogió uno de los yataganes modelo Sandokán que coleccionaba y se hizo el hara-kiri, no sin dejar una nota para sus verdugos: "A vosotros, que os habeis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aún peor, sólo os pido que en compensación de las ganancias que os he proporcionado os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma". Tenía cuarenta y nueve años. No deja de ser triste que hoy, cuando ya los escritores parecían haber conseguido asegurar razonablemente sus derechos, las nuevas tecnologías brinden a otros desaprensivos posibilidades de reinventar el viejo expolio...

Leí en mi infancia mucho a Salgari en los pequeños volúmenes editados por Saturnino Calleja. Los compraba en la librería Paternina de la calle Fuenterrabia, frente a mi casa en San Sebastián. Rebuscaba en la trastienda, tratando de hallar alguno para mí desconocido todavía, cosa cada vez más difícil. Mi madre aguardaba para pagar ante el mostrador, repitiendo: "¡sólo uno! ¡no cojas más que uno!". Hace bastante más de medio siglo... Y ya se ha borrado casi todo, empresas, amores, ilusiones. También argumentos y psicologías de libros sesudos que me recomendaron como imprescindibles. Pero no olvido los mares y las selvas de Salgari, sus peligros y travesías que me educaron, sus tigres y sus árboles gigantescos en cuyo tronco hueco podía refugiarme. ¡Y la Montaña de Luz!

miércoles, 13 de abril de 2011

martes 25 de enero de 2011

http://federicomayor.blogspot.com/2011/01/delito-de-silencio.html

Ola a ola.
El mar lo sabe todo.
Pero olvida.
Mario Benedetti

En Salobreña, al atardecer, escribí en agosto de 1994 frente al mar:

Delito de silencio.
Tenemos que convertirnos
en la voz
de la gente
silenciada.
En la voz
que denuncia,
que proclama
que el hombre
no está en venta,
que no forma parte
del mercado.
En la voz
que llegue fuerte y alto
a todos los rincones
de la tierra.
Que nadie
que sepa hablar
sigua callado.
Que todos los que puedan
se unan
a este grito.
Silencio de los silenciados, de los amordazados. Silencio de la ignorancia. Terrible silencio. Pero más terrible, hasta ser delito, el silencio culpable de los silenciosos. De los que pudiendo hablar, callan. De los que sabiendo y debiendo hablar, no lo hacen.
Demos la voz. A nuestra propia conciencia, en primer término. Pero, inmediatamente, tenemos el deber de ser la voz de los sin voz. Les debemos la voz: "La voz a ti debida", como en la égloga de Garcilaso, como en el libro de Salinas. La voz debida, sobre todo, a los que llegan a un paso de nosotros, a las generaciones venideras.
Sin cesar. Sin cejar. Sin distraernos ni cansarnos. Sin dejarnos conducir por la (s) pantalla (s), espectadores pasivos. Es un deber hablar. No hacerlo es, puede ser, grave insolidaridad, transgresión moral, delito. "Cuando el hombre cansado / ... para, / traiciona al mundo, porque ceja / en el deber supremo, que es seguir" /.
Volver a intentarlo. Volver sin detenerse, sin pausa, porque -sigue escribiendo Salinas- "Nos llenará la vida / ese puro volar sin hora quieta"...
Voz vigía. Voz que alerte y corrija. Voz que oriente. "La voz debe anteceder al hecho, / prevenirlo. / Después, no sirve para nada. / Es sólo aire estremecido" (verso sobre Camboya, 8 de abril de 1979).
La anticipación, la gran victoria. El siglo XXI ha de ser el siglo del pueblo, de la palabra, de la gente. No más la fuerza, la imposición de los pocos sobre los muchos. No más la espada ni la mano alzada. Manos tendidas, manos unidas. Y la voz. A contraviento. Valientemente. Como Quevedo: "No he de callar por más que con el dedo... / silencio avise o amenace miedo".
La voz debida, compartida. Voz que libera a medida que se pronuncia. Voz que puede ser asidero, cura. En 1995, escribí en París: ... "La voz / a veces / no fue voz / por miedo. / La voz / que pudo ser remedio / y no fue nada".
José Ángel Valente, en su poema "Sobre el tiempo presente", nos advierte:
"Escribo desde un naufragio.
Escribo sobre el tiempo presente.
Escribo... sobre lo que hemos destruido
sobre todo en nosotros.
Escribo desde la noche,
desde la infinita progresión de la sombra,
... desde el clamor del hombre y del trasmundo,
desde el genocidio,
desde los niños infinitamente muertos...
pero escribo también desde la vida...
desde su grito poderoso".
Como Garcilaso "que tanto callar ya no podía", alcemos nuestra voz. Voz debida, voz de vida. Delito de silencio. "... Y que se oiga la voz de todos, / solemnemente y clara". Es el mensaje de Miquel Martí i Pol. ¡De todos!. Clamor popular, para que un día no vuelvan hacia atrás su mirada nuestros descendientes y piensen: "Podían y no se atrevieron. Esperábamos su voz, y no llegó".
El mar puede guardar silencio.
Nosotros, no.

jueves, 3 de marzo de 2011

Indignación contra el futbolista que mató a una lechuza de una patada 02 marzo 2011

En Colombia está indignados. Durante el partido de liga celebrado en la localidad de Barranquilla entre los equipos de fútbol Junior y Deportivo Pereira, una lechuza apareció por el campo atraída por los focos que a esas horas iluminaban el campo de juego. Al contrario que en España, allí la gente considera a estas aves nocturnas emisarias de la buena suerte. Y en concreto en ese estadio, su aparición se tiene como símbolo y talismán contra las derrotas, pues aseguran que nunca han perdido un partido en el que se haya visto volando al estrigiforme.

El caso es que el pasado domingo apareció la benéfica rapaz por la zona pero, deslumbrada, cayó al césped. Y un apresurado jugador del equipo contrario, por nombre Luis “Lucho” Moreno, la sacó del campo de una patada como quien despeja un balón.

La bronca que se montó fue descomunal. El arbitró se vio obligado a detener el juego para tranquilizar a los jugadores y permitir que el animal fuera urgentemente evacuado a una clínica veterinaria. Pero de nada le valieron los auxilios y hasta el oxígeno administrado. Al final la lechuza ha muerto. Probablemente más por culpa del estrés motivado por tanto interés que por el patadón.

Para colmo de males, el pateador de lechuzas era panameño, y no son pocas las voces que se han levantado en Colombia pidiendo su expulsión del país. Las redes sociales echan chispas contra el maltratador de animales, que no sabe ya qué hacer para pedir perdón. El interfecto asegura haberlo hecho “con el fin de hacerla volar”, pero se le fue la mano (la pierna). En declaraciones recogidas por el diario Marca, el jugador reconoce el error:

“Mi intención sólo era sacarla del campo. Tal vez no medí la fuerza de la patada”.

No acaba aquí la historia. Muerto el pobre animal, un periodista deportivo defendió que la lechuza fuera disecada y colocada en una urna de cristal en el estadio:

“La lechuza, símbolo de sabiduría, se convertirá así en un recuerdo permanente de las consecuencias de la violencia, tanto contra los animales como contra los seres humanos”.

Desgraciadamente, los veterinarios le han practicado la necropsia al pájaro y su cadáver no podrá ser utilizado para tan loables fines.


http://blogs.20minutos.es/cronicaverde/2011/03/02/indignacion-contra-el-futbolista-que-mato-a-una-lechuza-de-una-patada/


martes, 1 de marzo de 2011

Ministro, barón rico y copión

Ministro, barón rico y copión
El titular de Defensa alemán, en la picota por plagiar su tesis doctoral

LAURA LUCCHINI - Berlín - 27/02/2011

"Sí, cometí errores, graves errores que lamento. Pero no incurrí en plagio, ya que no hubo por mi parte intención de engañar". Con estas palabras el ministro alemán de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, se disculpó el miércoles frente al Bundestag, el Parlamento alemán, de las acusaciones de plagio de su tesis doctoral.

"Sí, cometí errores, graves errores que lamento. Pero no incurrí en plagio, ya que no hubo por mi parte intención de engañar". Con estas palabras el ministro alemán de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, se disculpó el miércoles frente al Bundestag, el Parlamento alemán, de las acusaciones de plagio de su tesis doctoral. Desde que el diario Süddeutsche Zeitung publicó un artículo con la sospecha de que el ministro hizo un corta-pega de su trabajo, el asunto ha pasado a ser un tema de interés nacional.

En el curso del debate en el Parlamento, el barón Zu Guttenberg, miembro del partido socialcristiano bávaro CSU, fue tildado por representantes de la oposición de "impostor", "mentiroso" y "ladrón", y fue invitado a dejar su cargo tras las acusaciones.

Por su parte, la Universidad de Bayreuth, donde el ministro presentó su trabajo, lo ha demandado por atentar contra la ley de propiedad intelectual y por falso juramento. Zu Guttenberg tiene todavía una semana antes de tener que aclarar los hechos frente al comité académico.

La pregunta ahora es si el episodio marca el ocaso político de quien era hasta ahora el ministro más querido por los alemanes, a quien el 74% de la población de Alemania reconocía su buen trabajo.

Zu Guttenberg, de 39 años, miembro de una familia aristocrática de la Alta Franconia, casado con una tataranieta de Otto von Bismarck, padre de dos hijas, ocupó antes el cargo de ministro de Finanzas en la coalición formalizada en 2005 entre la CDU y el SPD, y fue incluido sucesivamente por Angela Merkel en su gabinete de centro derecha. Él y su mujer poseen el glamour del que carece la clase política alemana y tienen una intensa vida social que aparece en las revistas.

Uno de los factores que siempre jugó a favor de Zu Guttenberg en su ascendente carrera política fue que no necesitaba su puesto para defender intereses personales. Podría dedicarse a administrar las propiedades de su familia, tal y como hace su hermano. Sin embargo, siempre ha vendido la imagen de político comprometido, y sobre todo honesto, "el cuento de hadas del chico bueno", tal y como recordaba con ironía, la revista Der Spiegel en su portada.

Ninguno de los escándalos que en los últimos meses afectaron a su ministerio (la censura de las cartas de los militares en Afganistán y la muerte de una joven recluta en el velero de la marina Gorck Foch, entre otros) le había salpicado a nivel personal, pero ahora la situación es distinta. Tras destaparse el escándalo del plagio, consciente de que la situación podría acabar con su carrera, Guttenberg ha renunciado "temporalmente" al uso de su título académico. La acumulación de pruebas que indican que plagió numerosos pasajes de su tesis doctoral lo animó a tener una reacción rápida. Mientras la revista Der Spiegel ofrece pruebas de que al menos 70 páginas de un texto de 475 fueron copiadas, hay sitios de Internet donde hasta se le atribuye un corta y pega que afecta al 70% del texto. Horas después del debate, la universidad de esa ciudad bávara, sede del Festival de Ópera Richard Wagner, anunció que aceptaba la renuncia de Guttenberg y suspendía la validez de su título de doctor, aunque no se pronunció sobre si incurrió en plagio, a la espera de un informe completo. La decisión definitiva se espera para la próxima semana.

Mientras tanto, políticos de la oposición pidieron el miércoles que el ministro se pronunciara frente al Parlamento acerca de este tema. Guttenberg apeló al factor humano, insistió en que no actuó de mala fe y atribuyó el error a un exceso de trabajo. Dijo que combinar la carrera política con el doctorado y su compromiso como joven padre de familia le "desbordó", y provocó esos errores que han conducido a su renuncia "con gran pesar" a seguir utilizando el título de doctor. Guttenberg concluyó su discurso insistiendo en que no dimitirá.

A pesar de las graves acusaciones recibidas, la canciller Angela Merkel reiteró su apoyo a Zu Guttenberg, argumentando que no contrató al joven barón por sus títulos, sino por su capacidad, y tanto su partido, la CDU, como el partido bávaro gemelo, la CSU, confirmaron su apoyo al ministro con la misma argumentación.

La oposición, sin embargo, exige ahora la dimisión del ministro. "¿Usted cree que una persona puede falsificar 270 de 400 páginas de su tesis sin querer?", preguntó el líder del partido socialdemócrata (SPD), Sigmar Gabriel, a la jefa del gabinete. Y apuntilló: "Todos sabemos que usted (Merkel) tiene un estafador en sus filas".


http://www.elpais.com/articulo/agenda/Ministro/baron/rico/copion/elpepigen/20110227elpepiage_1/Tes?print=1

domingo, 27 de febrero de 2011

El verdadero discurso del Cacique Seattle

http://www.taringa.net/posts/info/4747951/El-verdadero-discurso-del-Cacique-Seattle.html




Hace años leí esta carta. El otro día aburrido me puse a buscar si era cierto, porque tenía una forma de estar escrita y con un objetivo dudoso.
Estaba en lo cierto, la carta que circula es fake, pero sorpersivamente, tiene asidero en un discurso realmente pronunciado por este Cacique. La verdad, me gustó más la versión original, se siente mas real, y en sus palabras se puede vislumbrar la derrota, la desesperanza, el desasosiego, el dolor, no se como explicarlo. Pero me gustó mas.





INTRODUCCIÓN

En años recientes, se ha estado debatiendo sobre las palabras del Jefe Seattle. La controversia principal se centra alrededor de la autenticidad de la versión del discurso que más corrientemente se le atribuye. Aunque quizás nunca lleguemos a saber con exactitud lo que dijo el Jefe Seattle, es muy posible que él haya sido tan elocuente como aparece representado en las diversas versiones.

Seattle (más correctamente Seathl o "Sealth" nació alrededor de 1786. Era hijo de un jefe Suquamish, Schweabe, cuyo pueblo vivía alrededor del Puget Sound en el estado de Washington, Estados Unidos. Su madre, Sholitza, era la hija de un jefe Duwamish. Ya que en estos pueblos se sigue una línea matrilínea de descendencia, Seathl era considerado un Duwamish.

Ganó reputación por su coraje, osadía y liderazgo, y siendo todavía un jóven jefe consiguió el control de seis de las tribus locales. A través de los años, continuó las relaciones amistosas iniciadas por su padre con los europeos locales. Era muy alto para ser un nativo de Puget Sound. También era conocido como orador en su idioma nativo (Lushootseed), y se dice que su voz podía llegar lejos cuando se dirigía a una audiencia.

Su primera esposa murió luego de dar a luz a una niña, conocida como "Princesa" Angelina por los pobladores blancos. Con su segunda esposa, tuvo varios hijos e hijas. Luego de la muerte de uno de sus hijos se convirtió al catolicismo, bautizándose con el nombre de Noé Seattle.

Falleció el 7 de junio de 1866.

"La Respuesta [Discurso] del Jefe Seathl"

El Jefe Seathl dió su ahora famoso discurso como respuesta al de Isaac I. Stevens, el nuevo Gobernador y Comisionado de Asuntos Indígenas para los Territorios de Washingtton, el 10 de enero de 1854.

Uno de los presentes era el Dr. Henry Smith, quien tomó extensas notas del discurso de Seathl, aunque nunca se han encontrado dichas notas. Seathl habló en su lengua nativa, Lushotseed, que fue traducido a Chinook, lengua que Smith conocía parcialmente. Luego Smith lo tradujo al inglés. Es proceso obviamente simplificó mucho el mensaje de Seathl.

La primera versión impresa del discurso fue escrita por el Dr. Smith y apareció en la edición del 29 de octubre de 1887 del Seattle Sunday Star. Esta versión presenta el mensaje de Seathl en un florido estilo victoriano, más propio de los antecedentes de Smith que de los de Seathl. Sin embargo, miembros del Museo Suquamish determinaron, luego de consultar ancianos de su tribu en 1982, que la versión de Smith es el mejor recuento del discurso de Seathl. [Ver la versión de Smith]

A finales de la década de 1960, William Arrowsmith, profesor de literatura clásica en la Universidad de Texas, decidió tomar la versión del Dr. Smith y reeditarla, usando el lenguaje y modo de hablar más común de las tribus de la región en la época de Seathl. Conversando con ancianos tradicionales de estas tribus, Arrowsmith pudo desarrollar un sentido de la sintaxis que usaron. [Ver la versión de Arrowsmith]

La versión más conocida del discurso de Seathl fue escrita por Ted Perry, profesor de teatro y dramaturgo en la Universidad de Texas y amigo de Arrowsmith [Ver la versión de Perry]. Perry usó la versión de Arrowsmith como base para un nuevo y ficticio discurso que serviría como narración para una película sobre contaminación y ecología, llamada Home, para la Comsión de Radio y Televisión de la Iglesia Bautista del Sur y cuyo productor fue John Stevens.

Sin notificar a Perry, Stevens revisó el texto, agregando frases referentes a Dios y la línea "Soy un salvaje y no comprendo..." La revista Environmental Action publicó la versión bautista del discurso en su número del 11 de noviembre de 1972. Ya ahora no era un discurso del Jefe Seathl sino una carta que envió al Presidente Pierce.

Pero fue la publicación de un artículo titulado "The Decidedly Unforked Message of Chief Seattle" en la revista Passages de Northwest Airlines que hizo famosa la versión bautista, con una nota de que la "carta" era una "Adaptación de sus [las de Seattle] observaciones tomando como base una traducción al inglés por William Arrowsmith".














VERSIÓN DIVULGADA (la de Perry)

Esta versión (que es la que más ha circulado) fue escrita por Ted Perry a finales de los años 1970s para una película llamada "Home" que fue producida en Estados Unidos por la Convención Bautista del Sur. Él no tenía idea que alguien considerara su trabajo como otra cosa que no fuera una ficción, y él ha pasado mucho tiempo en los últimos años tratando de corregir la confusión.

Los productores de la película hicieron algunos cambios y convirtieron el discurso en una carta enviada al Presidente Franklin Pierce. El Jefe Seattle no escribió dicha carta.

¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aún el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida.

Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿cómo podrán ustedes comprarlos?

Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo, cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas.

Los muertos del hombre blanco olvidan de su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas; en cambio, nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra, puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y asimismo, ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila; éstos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.

Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos está pidiendo demasiado. También el Gran Jefe nos dice que nos reservará un lugar en el que podamos vivir confortablemente entre nosotros. El se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos.

Por ello consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es fácil ya que esta tierra es sagrada para nosotros. El agua cristalina que corre por ríos y arroyuelos no es solamente el agua sino también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras, deben recordar que es sagrada y a la vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre. Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed, son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también lo son suyos y, por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. Él no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle. Le secuestra la tierra a sus hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objeto que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorará la tierra dejando atrás sólo un desierto.

No sé, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena los ojos del piel roja. Pero quizás sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada. No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar como se abren las hojas de los árboles en primavera o como aletean los insectos. Pero quizás también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada. El ruido parece insultar nuestros oídos. Y, después de todo ¿para qué sirve la vida si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras (aguaitacaminos) ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos.

El aire tiene un valor inestimable para el piel roja ya que todos los seres comparten un mismo aliento - la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire nos es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene.

El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas.

Por ello consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondré condiciones: El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como una máquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos sólo para sobrevivir.

¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual; porque lo que le suceda a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado.

Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismos.

Esto sabemos: La tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos, todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo.

Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, no queda exento del destino común. Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios.

Ustedes pueden pensar ahora que Él les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. Él es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para Él y si se daña se provocaría la ira del Creador. También los blancos se extinguirían, quizás antes que las demás tribus. Contaminen sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos.

Pero ustedes caminarán hacia su destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja.

Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos porqué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes.

¿Dónde está el matorral? Destruido. ¿Dónde esta el águila? Desapareció.

Termina la vida y empieza la supervivencia.

La visión del Jefe Seattle ¿cómo puede venderse el aire?













¿cómo puede venderse el aire?

La visión del
Jefe Seattle

Introducción
Jefe Seattle
La única fotografía conocida del Jefe Seattle fue tomada en la década de 1860 cuando tendría casi 80 años de edad.

En años recientes, se ha estado debatiendo sobre las palabras del Jefe Seattle. La controversia principal se centra alrededor de la autenticidad de la versión del discurso que más corrientemente se le atribuye. Aunque quizás nunca lleguemos a saber con exactitud lo que dijo el Jefe Seattle, es muy posible que él haya sido tan elocuente como aparece representado en las diversas versiones.

Seattle (más correctamente Seathl o "Sealth") nació alrededor de 1786. Era hijo de un jefe Suquamish, Schweabe, cuyo pueblo vivía alrededor del Puget Sound en el estado de Washington, Estados Unidos. Su madre, Sholitza, era la hija de un jefe Duwamish. Ya que en estos pueblos se sigue una línea matrilínea de descendencia, Seathl era considerado un Duwamish.

Ganó reputación por su coraje, osadía y liderazgo, y siendo todavía un jóven jefe consiguió el control de seis de las tribus locales. A través de los años, continuó las relaciones amistosas iniciadas por su padre con los europeos locales. Era muy alto para ser un nativo de Puget Sound. También era conocido como orador en su idioma nativo (Lushootseed), y se dice que su voz podía llegar lejos cuando se dirigía a una audiencia.

Su primera esposa murió luego de dar a luz a una niña, conocida como "Princesa" Angelina por los pobladores blancos. Con su segunda esposa, tuvo varios hijos e hijas. Luego de la muerte de uno de sus hijos se convirtió al catolicismo, bautizándose con el nombre de Noé Seattle.

Falleció el 7 de junio de 1866.

"La Respuesta [Discurso] del Jefe Seathl"

El Jefe Seathl dió su ahora famoso discurso como respuesta al de Isaac I. Stevens, el nuevo Gobernador y Comisionado de Asuntos Indígenas para los Territorios de Washingtton, el 10 de enero de 1854.

Uno de los presentes era el Dr. Henry Smith, quien tomó extensas notas del discurso de Seathl, aunque nunca se han encontrado dichas notas. Seathl habló en su lengua nativa, Lushotseed, que fue traducido a Chinook, lengua que Smith conocía parcialmente. Luego Smith lo tradujo al inglés. Es proceso obviamente simplificó mucho el mensaje de Seathl.

La primera versión impresa del discurso fue escrita por el Dr. Smith y apareció en la edición del 29 de octubre de 1887 del Seattle Sunday Star. Esta versión presenta el mensaje de Seathl en un florido estilo victoriano, más propio de los antecedentes de Smith que de los de Seathl. Sin embargo, miembros del Museo Suquamish determinaron, luego de consultar ancianos de su tribu en 1982, que la versión de Smith es el mejor recuento del discurso de Seathl. [Ver la versión de Smith]

A finales de la década de 1960, William Arrowsmith, profesor de literatura clásica en la Universidad de Texas, decidió tomar la versión del Dr. Smith y reeditarla, usando el lenguaje y modo de hablar más común de las tribus de la región en la época de Seathl. Conversando con ancianos tradicionales de estas tribus, Arrowsmith pudo desarrollar un sentido de la sintaxis que usaron. [Ver la versión de Arrowsmith]

La versión más conocida del discurso de Seathl fue escrita por Ted Perry, profesor de teatro y dramaturgo en la Universidad de Texas y amigo de Arrowsmith [Ver la versión de Perry]. Perry usó la versión de Arrowsmith como base para un nuevo y ficticio discurso que serviría como narración para una película sobre contaminación y ecología, llamada Home, para la Comsión de Radio y Televisión de la Iglesia Bautista del Sur y cuyo productor fue John Stevens.

Sin notificar a Perry, Stevens revisó el texto, agregando frases referentes a Dios y la línea "Soy un salvaje y no comprendo..." La revista Environmental Action publicó la versión bautista del discurso en su número del 11 de noviembre de 1972. Ya ahora no era un discurso del Jefe Seathl sino una carta que envió al Presidente Pierce.

Pero fue la publicación de un artículo titulado "The Decidedly Unforked Message of Chief Seattle" en la revista Passages de Northwest Airlines que hizo famosa la versión bautista, con una nota de que la "carta" era una "Adaptación de sus [las de Seattle] observaciones tomando como base una traducción al inglés por William Arrowsmith".

Bibliografía

*

Arrowsmith, William. 1969: Speech of Chief Seattle, January 9th, 1855. Arion 8:461-464.
*

Arrowsmith, William. 1975: Speech of Chief Seattle. The American Poetry Review, p. 23-26.
*

Gifford, Eli. 1992: The Many Speeches of Chief Seathl: The Manipulation of the Record for Religious, Political and Environmental Causes, Occasional papers of Native American Studies I. Sonoma State University, Rohnert Park, California. [Esta referencia contiene un detallado estudio de la historia que rodea el discurso en sus diversas versiones.]
*

Perry, Ted. 1970). Home, Guión de película para serie de televisión producida por la Comición de Radio y Televisión de los Bautistas del Sur..
*

Smith, Henry. 1887. Scraps from a Diary - Chief Seattle - A Gentleman by Instinct - His Native Eloquence. The Seattle Sunday Star, Octubre 29, p. 10.














Versión 1
(español)

He allí el cielo que ha llorado lágrimas de compasión

Originalmente publicado en el periódico Seattle Sunday Star, el 29 de octubre de 1887.

El texto fue escrito por un "Dr." Smith, quien tomó notas a medida que el Jefe Seattle hablaba en el dialecto Suquamish de Salish de Pudget Sound central (Lushootseed), y creó este texto en Inglés de dichas notas. Smith insistía que su versión "no contenía la gracia y elegancia del original."

En la época de este discurso, era común la creencia entre los blancos lo mismo que entre muchos amerindios, que los americanos nativos se extinguirían.

He allí el cielo que ha llorado lágrimas de compasión sobre mi pueblo durante incontables siglos y que, aunque nos pueda parecer inmutable y eterno, puede cambiar. Hoy está despejado. Mañana puede estar encapotado con nubes.

Mis palabras son como las estrellas que nunca cambian. Cualquier cosa que diga Seattle, el gran jefe en Washington puede confiar en ello tanto como él pueda confiar en el regreso del sol o de las estaciones.

El jefe blanco dice que el Gran Jefe en Washington nos envía saludos de amistad y buena voluntad. Esto es muy amable de su parte ya que sabemos que él necesita poco de nuestra amistad. Son muchas sus gentes. Son como la hierba que cubre vastas praderas. Mi gente es poca. Se asemejan a los pocos árboles que se encuentran esparcidos en una pradera azotada por una tormenta. El gran, y presumo – buen, Jefe Blanco dice que desea comprar nuestra tierra pero que, al mismo tiempo, nos deja suficiente para que vivamos confortablemente. Verdaderamente esto parece ser justo, y aún generoso, ya que el Hombre Rojo no tiene más derechos que él necesite respetar, y la oferta también parece ser sabia ya que no necesitamos más un territorio extenso.

Hubo un tiempo en el que nuestra gente cubría la tierra como las olas en un mar encrespado por el viento cubren el fondo cubierto de conchas, pero ese tiempo hace mucho que desapareció junto con la grandeza de las tribus que ahora son apenas un recuerdo doloroso. No trataré el tema, ni lloraré sobre eso, de nuestra desaparición a tiempo, ni voy a reprochar mis hermanos cara pálida con haberla acelerado, porque también nosotros somos en algo responsables de ella.

La juventud es impulsiva. Cuando nuestros jóvenes se enojan por alguna injusticia real o imaginaria, y se desfiguran sus caras con pintura negra, denotan que sus corazones son negros, y que con frecuencia son crueles e implacables, y nuestros viejos y viejas son incapaces de moderarlos. Así siempre ha sido. Así fue cuando el hombre blanco empezó a empujar a nuestros antepasados hacia el oeste. Pero esperemos que nunca regresen las hostilidades entre nosotros. Tendríamos todo que perder y nada que ganar. Los jóvenes consideran como ganancia a la venganza, aún al costo de sus propias vidas, pero los viejos [que permanecen] en casa en momentos de guerra, y las madres que tienen hijos que perder, saben que no es así.

Nuestro buen padre en Washington—ya que presumo que ahora es nuestro padre al igual que suyo, ya que el Rey George ha movido sus fronteras más hacia el norte—nuestro gran y buen padre, digo, nos envía el mensaje de que si hacemos como él desea, él nos protegerá. Sus bravos guerreros serán para nosotros como una erizada pared de fortaleza, y sus maravillosos barcos de guerra llenarán nuestros puertos, para que nuestros antiguos enemigos más al norte—los Haidas y Tsimshians -- cesen de asustar a nuestras mujeres, niños, y viejos. Realmente él será nuestro padre y nosotros sus hijos.

Pero, ¿puede eso suceder alguna vez? ¡Su Dios no es nuestro Dios! ¡Su Dios ama a su gente y odia a la mía! Él pliega amorosamente sus fuertes brazos protectores alrededor del cara pálida y lo conduce por la mano como un padre conduce a un hijo infante. Pero, Él ha desamparado a Sus hijos Rojos, si realmente son Suyos. Nuestro Dios, el Gran Espíritu, parece que también nos ha abandonado. Su Dios hace que su gente se haga más fuerte cada día. Pronto ellos llenarán todas las tierras.

Nuestro pueblo está menguando como una marea que retrocede rápidamente y que nunca regresará. El Dios del hombre blanco no puede amar a nuestra gente o Él los hubiera protegido. Ellos parecen huérfanos que no tienen donde buscar ayuda. ¿Cómo, entonces, podemos ser hermanos? ¿Cómo puede su Dios llegar a ser nuestro Dios y renovar nuestra prosperidad y despertar en nosotros sueños de una grandeza que regresa? Si tenemos un Padre Celestial común, Él debe estar parcializado, porque Él vino hacia Sus hijos cara pálida.

Nosotros nunca lo Vimos. Él les dió leyes pero no tuvo palabras para Sus niños rojos cuyas prolíficas multitudes una vez llenaban este vasto continente como las estrellas llenan el firmamento. No; somos dos razas diferentes con orígenes diferentes y destinos separados. Hay muy poco en común entre nosotros.

Para nosotros, las cenizas de nuestros antepasados son sagradas y su lugar de reposo es terreno reverenciado. Ustedes se alejan de las tumbas de sus antepasados y aparentemente sin pena. Su religión fue escrita sobre lápidas de piedra por el dedo de hierro de su Dios para que así ustedes no pudieran olvidar.

El Hombre Rojo nunca podría comprender o recordarlo. Nuestra religión es las tradiciones de nuestros antepasados – los sueños de nuestros hombres viejos, dados en las horas solemnes de la noche por el Gran Espíritu; y las visiones de nuestros jefes, y está escrita en los corazones de nuestra gente.

Sus muertos dejan de amarlos y la tierra natal tan pronto como traspasan los portales de la tumba y vagan más allá de las estrellas. Ellos pronto son olvidados y nunca regresan.

Nuestros muertos nunca olvidan este hermoso mundo que les dió vida. Ellos todavía aman a sus verdes valles, sus rumorosos ríos, sus magníficas montañas, sus apartadas cañadas y lagos y bahías bordeados de verde, y siempre suspiran con un tierno y cariñoso afecto por los seres vivos de corazones solitarios, y con frecuencia regresan del feliz coto de caza para visitarlos, guiarlos, consolarlos, y confortarlos.

Día y noche no pueden convivir. El Hombre Rojo siempre ha rehuido los acercamientos del Hombre Blanco, como la neblina matutina huye antes que aparezca el sol de la mañana. Sin embargo, su proposición parece justa y creo que mi gente la aceptará y se retirará a la reservación que usted le ofrece. Entonces, viviremos separados en paz, ya que las palabras del Gran Jefe Blanco parecen ser las palabras de la naturaleza que hablan a mi gente desde la densa oscuridad.

Importa poco donde pasemos el resto de nuestro días. No serán muchos. La noche del Indio promete ser oscura. Ni siquiera una simple estrella revolotea en su horizonte. Vientos de voz triste se lamentan en la distancia. Un triste destino parece estar en el camino del Hombre Rojo, y donde quiera escuchará los pasos que se aproximan de su cruel destructor y se prepara impasiblemente a enfrentar su destino, como hace el antílope herido que escucha los próximos pasos del cazador.

Una pocas lunas más, unos pocos inviernos más, y ninguno de los descendientes de los poderosos espíritus que alguna vez se movían por esta amplia tierra o vivían en hogares felices, protegidos por el Gran Espíritu, permanecerá para llorar sobre las tumbas de un pueblo que una vez fue más poderoso y con más esperanzas que el suyo.

Pero, ¿por qué debo llorar sobre el destino a destiempo de mi pueblo? Tribus siguen a tribus, y naciones siguen a naciones, como las olas del mar. Es el órden de la naturaleza, y lamentarse es inútil. Su momento de decadencia puede estar distante, pero seguramente llegará, porque aún el Hombre Blanco cuyo Dios caminó y habló con él como un amigo a otro, no puede estar exonerado del destino común. Puede que seamos hermanos, después de todo. Veremos.

Estudiaremos su proposición y cuando hayamos decidido, se lo haremos saber. Pero, si la aceptamos, yo aquí y ahora pongo esta condición, que no se nos niegue el privilegio, sin molestarnos, de visitar en cualquier momento las tumbas de nuestros ancestros, amigos, e hijos. Cada parte de este suelo es sagrado en la consideración de mi pueblo. Cada ladera, cada valle, cada pradera y huerto, ha sido consagrada por algún triste o feliz evento en días hace tiempo desaparecidos.

Aún las rocas, que parecen ser mudas y muertas ya que se tuestan en sol a lo largo de la costa silenciosa, están llenas con las memorias de eventos excitantes conectados con las vidas de mi gente, y el mismo polvo sobre el cual ustedes se encuentran responde con más amor a nuestras pisadas que a las suyas, debido a que ha sido enriquecido por la sangre de nuestros antepasados, y nuestros pies desnudos son conscientes del toque simpatético. Nuestros difuntos, bravos, amadas madres, alegres y felices doncellas, y aún los niños que vivieron aquí y se regocijaron aquí por una breve estación, amarán estas soledades sombrías y, durante la caída de la tarde, ellos recibirán a los tenebrosos espíritus que regresan.

Y, cuando el último Hombre Rojo haya perecido, y la memoria de mi tribu se haya convertido en un mito entre el Hombre Blanco, estas playas estarán repletas de muertos invisibles de mi tribu, y cuando los hijos de sus hijos se crean solos en el campo, la tienda, el taller, en la carretera, o en el silencio de los bosques sin senderos, ellos no estarán solos. En toda la tierra no hay lugar dedicado a la soledad. En la noche, cuando las calles de sus ciudades y pueblos estén silenciosas y ustedes crean que estén desiertas, ellas estarán atestadas con los huéspedes que regresan y que una vez las llenaban y que todavía aman esta hermosa tierra. El Hombre Blanco nunca estará solo.

Que él sea justo y trate amablemente a mi gente, porque los muertos no son impotentes.



La visión del
Jefe Seattle

Versión 1
(inglés)

Yonder sky that has wept tears of compassion

Yonder sky that has wept tears of compassion upon my people for centuries untold, and which to us appears changeless and eternal, may change. Today is fair. Tomorrow it may be overcast with clouds.

My words are like the stars that never change. Whatever Seattle says, the great chief at Washington can rely upon with as much certainty as he can upon the return of the sun or the seasons.

The white chief says that Big Chief at Washington sends us greetings of friendship and goodwill. This is kind of him for we know he has little need of our friendship in return. His people are many. They are like the grass that covers vast prairies. My people are few. They resemble the scattering trees of a storm-swept plain. The great, and I presume -- good, White Chief sends us word that he wishes to buy our land but is willing to allow us enough to live comfortably. This indeed appears just, even generous, for the Red Man no longer has rights that he need respect, and the offer may be wise, also, as we are no longer in need of an extensive country.

There was a time when our people covered the land as the waves of a wind-ruffled sea cover its shell-paved floor, but that time long since passed away with the greatness of tribes that are now but a mournful memory. I will not dwell on, nor mourn over, our untimely decay, nor reproach my paleface brothers with hastening it, as we too may have been somewhat to blame.

Youth is impulsive. When our young men grow angry at some real or imaginary wrong, and disfigure their faces with black paint, it denotes that their hearts are black, and that they are often cruel and relentless, and our old men and old women are unable to restrain them. Thus it has ever been. Thus it was when the white man began to push our forefathers ever westward. But let us hope that the hostilities between us may never return. We would have everything to lose and nothing to gain. Revenge by young men is considered gain, even at the cost of their own lives, but old [men who stay] at home in times of war, and mothers who have sons to lose, know better.

Our good father in Washington--for I presume he is now our father as well as yours, since King George has moved his boundaries further north--our great and good father, I say, sends us word that if we do as he desires he will protect us. His brave warriors will be to us a bristling wall of strength, and his wonderful ships of war will fill our harbors, so that our ancient enemies far to the northward -- the Haidas and Tsimshians -- will cease to frighten our women, children, and old men. Then in reality he will be our father and we his children.

But can that ever be? Your God is not our God! Your God loves your people and hates mine! He folds his strong protecting arms lovingly about the paleface and leads him by the hand as a father leads an infant son. But, He has forsaken His Red children, if they really are His. Our God, the Great Spirit, seems also to have forsaken us. Your God makes your people wax stronger every day. Soon they will fill all the land.

Our people are ebbing away like a rapidly receding tide that will never return. The white man's God cannot love our people or He would protect them. They seem to be orphans who can look nowhere for help. How then can we be brothers? How can your God become our God and renew our prosperity and awaken in us dreams of returning greatness? If we have a common Heavenly Father He must be partial, for He came to His paleface children.

We never saw Him. He gave you laws but had no word for His red children whose teeming multitudes once filled this vast continent as stars fill the firmament. No; we are two distinct races with separate origins and separate destinies. There is little in common between us.

To us the ashes of our ancestors are sacred and their resting place is hallowed ground. You wander far from the graves of your ancestors and seemingly without regret. Your religion was written upon tablets of stone by the iron finger of your God so that you could not forget.

The Red Man could never comprehend or remember it. Our religion is the traditions of our ancestors -- the dreams of our old men, given them in solemn hours of the night by the Great Spirit; and the visions of our sachems, and is written in the hearts of our people.

Your dead cease to love you and the land of their nativity as soon as they pass the portals of the tomb and wander away beyond the stars. They are soon forgotten and never return.

Our dead never forget this beautiful world that gave them being. They still love its verdant valleys, its murmuring rivers, its magnificent mountains, sequestered vales and verdant lined lakes and bays, and ever yearn in tender fond affection over the lonely hearted living, and often return from the happy hunting ground to visit, guide, console, and comfort them.

Day and night cannot dwell together. The Red Man has ever fled the approach of the White Man, as the morning mist flees before the morning sun. However, your proposition seems fair and I think that my people will accept it and will retire to the reservation you offer them. Then we will dwell apart in peace, for the words of the Great White Chief seem to be the words of nature speaking to my people out of dense darkness.

It matters little where we pass the remnant of our days. They will not be many. The Indian's night promises to be dark. Not a single star of hope hovers above his horizon. Sad-voiced winds moan in the distance. Grim fate seems to be on the Red Man's trail, and wherever he will hear the approaching footsteps of his fell destroyer and prepare stolidly to meet his doom, as does the wounded doe that hears the approaching footsteps of the hunter.

A few more moons, a few more winters, and not one of the descendants of the mighty hosts that once moved over this broad land or lived in happy homes, protected by the Great Spirit, will remain to mourn over the graves of a people once more powerful and hopeful than yours.

But why should I mourn at the untimely fate of my people? Tribe follows tribe, and nation follows nation, like the waves of the sea. It is the order of nature, and regret is useless. Your time of decay may be distant, but it will surely come, for even the White Man whose God walked and talked with him as friend to friend, cannot be exempt from the common destiny. We may be brothers after all. We will see.

We will ponder your proposition and when we decide we will let you know. But should we accept it, I here and now make this condition that we will not be denied the privilege without molestation of visiting at any time the tombs of our ancestors, friends, and children. Every part of this soil is sacred in the estimation of my people. Every hillside, every valley, every plain and grove, has been hallowed by some sad or happy event in days long vanished.

Even the rocks, which seem to be dumb and dead as the swelter in the sun along the silent shore, thrill with memories of stirring events connected with the lives of my people, and the very dust upon which you now stand responds more lovingly to their footsteps than yours, because it is rich with the blood of our ancestors, and our bare feet are conscious of the sympathetic touch. Our departed braves, fond mothers, glad, happy hearted maidens, and even the little children who lived here and rejoiced here for a brief season, will love these somber solitudes and at eventide they greet shadowy returning spirits.

And when the last Red Man shall have perished, and the memory of my tribe shall have become a myth among the White Men, these shores will swarm with the invisible dead of my tribe, and when your children's children think themselves alone in the field, the store, the shop, upon the highway, or in the silence of the pathless woods, they will not be alone. In all the earth there is no place dedicated to solitude. At night when the streets of your cities and villages are silent and you think them deserted, they will throng with the returning hosts that once filled them and still love this beautiful land. The White Man will never be alone.

Let him be just and deal kindly with my people, for the dead are not powerless.

http://www.jmarcano.com/varios/seattle/index.html